Malvinas. Oposiciones. Y la Amazonía Azul
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Municipalidad de Paraná

Por Reynaldo Sarraute*
Malvinas. Oposiciones. Y la Amazonía Azul
 
El sentido común nos dice que la realidad, a la larga o a la corta, termina imponiéndose por su propio peso. ¿Se deduce de ello que nos rige un determinismo histórico y sólo cabe sentarse a esperar “que la tortilla se vuelva”? O lo del propio peso nos está hablando del resultado de una construcción humana consciente, concreta, en constante desenvolvimiento, que expresa siempre el resultado de una determinada relación de fuerzas en un momento dado.

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Fecha:23/03/2012 8:10:00 
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Obra en la que intervienen necesariamente, por acción u omisión, las personas, todas las personas, algunas de las cuales, las más activas, tienden a agruparse en lo esencial por dos grandes motivos. Unas, como beneficiarias privilegiadas de intereses adquiridos que no desean resignar. Otras, de acuerdo con derechos que maduraron en el devenir histórico y no quieren postergar. Y todos los grupos sociales haciendo uso de la política (cada cual la suya) como la herramienta fundamental para construir la realidad a imagen y semejanza de sus objetivos políticos, económicos, sociales.
La cuestión de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y las Antartillas (o Antillas del Sur) y su contracara, la dominación colonial británica asociada al complejo tecnológico–militar-financiero norteamericano, constituye una manifestación de construcción de realidad que las partes involucradas han ido edificando en una pulseada permanente tendiente a modificar sus relaciones de fuerza.
El 3 de enero de 1833, la armada de guerra de Inglaterra invadió las islas, desalojó a las autoridades criollas, izó el pabellón británico y nombró un administrador al servicio de la corona. Unos meses después, el 26 de agosto de ese año, un puñado de peones argentinos a cuyo mando estaba Antonio Rivero, protagonizó un alzamiento que tuvo la virtud política (ayer, sorprendente hoy, imprescindible) de conjugar en una sola lucha la demanda social contra la superexplotación, con la reivindicación nacional de la independencia y la soberanía. Hartos de jornadas extenuantes y del pago con bonos que sólo servían para consumir en el almacén de la misma patronal, depusieron a las autoridades inglesas, arriaron la bandera británica e hicieron flamear en su lugar un improvisado pabellón azul y blanco.
Desde agosto de 1833 y por un lapso de seis meses, a la espera de que las autoridades nacionales se hicieran cargo, los peones sublevados ejercieron nuevamente la autoridad argentina en las islas. Pero la iniciativa la tuvieron los colonialistas ingleses y el 9 de enero de 1834, a fuerza de pólvora y bayonetas, impusieron una vez más su dominio sobre las Malvinas.
Ahora bien, “numerosos documentos señalan que la Argentina rechazó inmediatamente el acto de fuerza y desde entonces no hemos dejado de reclamar la restitución de esa parte del territorio nacional a Gran Bretaña y en todos los ámbitos bilaterales y multilaterales en los que participa nuestro país” (1).
En 1945 se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), uno de cuyos objetivos centrales declarados era y es terminar con el colonialismo. En 1960, la resolución 1514, consideró “incompatible con los principios y propósitos de la Carta de la ONU todo intento encaminado a quebrar la unidad nacional y la integridad territorial de un país...”.
Luego, en 1965, como resultado de la presión diplomática del presidente Arturo Illia y su canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz, la Asamblea General de la ONU, con 94 países a favor, 14 abstenciones y ninguno en contra, votó a instancias de su Comité Especial de Descolonización la resolución 2065, disponiendo que la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos colonizados era aplicable al caso Malvinas. Lo que significa “que la comunidad internacional considera la presencia británica como una forma de colonialismo reconoce la existencia de una disputa soberana entre la Argentina y el Reino Unido como únicas partes, y las invita a negociar teniendo en cuenta el interés de la población de las islas”. Y, “al hablar de ‘interés de la población’ y no ‘deseo’, quedó claro en forma indeleble, que no regiría en la disputa ‘el derecho de autodeterminación’, lo que hubiera implicado convalidar el acto ilegítimo de 1833 y aceptar que la potencia colonizadora pudiese decidir sobre la suerte del territorio que ella misma usurpó” (2).
En los años que corren, la acertada política exterior de los gobiernos kirchneristas en lo referente a Malvinas (y muy especialmente los logros de la administración de Cristina Fernández), le está dando una ventaja diplomática muy significativa a los intereses de nuestro país, en detrimento de la postura británica, “que busca reposicionarse en territorios de vieja posesión colonial donde el petróleo es clave” (3). Y en este punto, el oficialismo es acompañado por el conjunto de los bloques de la oposición parlamentaria.
Hace unos días, el semanario inglés The Economist, en un resumen de la situación en torno a la disputa por Malvinas, destaca con preocupación el éxito de la Argentina en “persuadir” a la mayoría de los gobiernos latinoamericanos de que la presencia británica en las islas es un “anacronismo colonial” comenta la nueva actitud de EEUU, que ahora convoca al diálogo entre las partes para resolver el diferendo resalta que los países del MERCOSUR consideren ilegal la bandera de las “Falklands” y que hayan prohibido el acceso a sus puertos a barcos con ese pabellón se pregunta si el apoyo regional no se incrementará a medida que empiece a fluir el petróleo y advierte acerca de “la visión complaciente” de los diplomáticos británicos al considerar la postura de los gobiernos latinoamericanos como “meramente retórica”.
En este contexto de avance de la causa argentina y de creciente aislamiento diplomático de las pretensiones inglesas, resulta interesante analizar la postura de los que se oponen en Gran Bretaña a la política de sus autoridades y de quienes hacen lo propio en nuestro país, en relación a la política de soberanía que impulsa el gobierno nacional.
En el Reino Unido, escritores, periodistas y artistas critican la resaca imperial británica (4) y llaman a su gobierno a no desoír las resoluciones de la ONU que lo obligan a sentarse a negociar con Argentina coincide con ellos un sector empresarial preocupado porque la ciega agresividad de Cameron empeora el conflicto y pone en riesgo la evolución de sus negocios en América Latina. Oposición progresista, anticolonial, que, aún por motivos diversos, va en el sentido de los intereses de los pueblos.
En la Argentina, en cambio, el diario La Nación y el Grupo Clarín pusieron todas las baterías de la corporación mediática al servicio de los argumentos falaces que balbucea Cameron. Que 180 años de dominio avalan la postura inglesa (“la historia no es reversible”, dicen). Que el resultado de la guerra del ’82 saldó la disputa de soberanía. Que la autodeterminación de los isleños es el tema central en el diferendo. En esta movida, Mitre y Magnetto lograron armar un patético rejunte de 17 reaccionarios que se oponen a que el reclamo argentino sobre las Islas sea considerado una cuestión de Estado llaman a abdicar esa reivindicación soberana porque –advierten- “no conduce a la paz” postulan que el poder da derecho y proponen como árbitros del conflicto nada más y nada menos que a los isleños ingleses. Oposición retrógrada, totalmente funcional al mantenimiento de status quo del poder colonial británico.
Mientras tanto, los gobiernos latinoamericanos fijan posiciones unívocas en defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y enmarcan esa posición en la preservación de los recursos naturales del Atlántico Sur. La inmensa Amazonía Azul, reservorio de una enorme riqueza en hidrocarburos y biodiversidad, que debe ponerse al servicio del crecimiento y el desarrollo con inclusión social de los países de la región.
Sin duda, como lo destaca la Solicitada de Octubres de reciente publicación (5), la defensa de los recursos naturales de las Malvinas y el Atlántico Sur es “una causa latinoamericana para la construcción de la Patria Grande”.

(1) Ministro Héctor Timerman La paradoja de nuestro tiempo Página|12, 3 de febrero de 2012.
(2) Juan Pedro Tunessi, diputado nacional UCR Illia y las Malvinas La Nueva Provincia de Bahía Blanca, 27 de enero de 2012.
(3) Eduardo Anguita Malvinas, Irán, petróleo y guerra Miradas al Sur, 15 de enero de 2012.
(4) Controlar territorios para extraer materias primas, colocar productos manufacturados ingleses, prestar a tasas usurarias excedentes financieros, y conservar enclaves militarizados de control regional (Malvinas como inmenso portaviones anclado).
(5) Por el camino de la soberanía nacional y popular Tiempo Argentino 14 de marzo de 2012.


*Miembro del Secretariado Nacional de Octubres.
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